El invierno fue suave ese año. O al menos eso me pareció a mí, que había aprendido a leer los cambios de luz y temperatura como otros leen libros. Lena decía que era una tontería, que los inviernos noruegos nunca eran suaves, pero sonreía al decirlo.
En enero recibimos la primera señal de que la red funcionaba.
Fue un mensaje de Ingrid, la islandesa. Había detectado un patrón extraño en los datos sísmicos de una estación remota en los fiordos del este. Nada alarmante, pero lo suficientemente in