PUNTO DE VISTA DE LEO
La celda de detención preventiva era una caja de cemento pintada de un verde pálido y enfermizo. El tiempo aquí no se medía en horas, sino en ciclos: el sonido de las cerraduras eléctricas, el desliz de las bandejas de comida por el suelo, el incesante murmullo y los golpes de otras celdas. Mi mente, agotada por el pánico, se había asentado en una aceptación entumecida. Había perdido. Cara estaba a salvo, lejos. Eso era lo único que importaba.
El abogado de oficio, un homb