PUNTO DE VISTA DE LOE
El Mapa de Vitalidad, en su quinta iteración mayor, ya no cabía en una sola pared. Se había expandido a través de toda la sala circular de la torre, un mural continuo de nuestro mundo viviente. Tenía capas físicas de pergamino superpuestas, capas de tinta translúcida y, lo más nuevo, una serie de discos de cristal grabados que, cuando se giraban sobre una lámpara, proyectaban patrones de flujo y conexión en el suelo. Era hermoso. Era abrumador. Y cada vez me costaba más encontrar lo que buscaba: claridad.
El problema era el éxito. El Tejido funcionaba. Demasiado bien. Los informes de "florecimiento" llegaban a raudales: nuevos estilos híbridos de música, innovaciones agrícolas, acuerdos de intercambio cultural con pueblos a tres meses de distancia. El Mapa de Vitalidad estaba tan saturado de destellos dorados y verdes que empezaba a parecer un cielo estrellado sin constelaciones. La complejidad misma del sistema que había ayudado a crear amenazaba con volverse op