La voy a enfrentar

La madre de Gabriel se marchó en el auto junto a los policías, dejando tras de sí un silencio filoso que se clavó directo en la piel de todos.

Leonor siguió con la mirada el auto hasta que desapareció a lo lejos. Volvió su mirada a su mano donde estaba el sobre de la demanda.

Su respiración se volvió irregular, como si el aire se negara a entrar de nuevo a sus pulmones.

Cuando por fin volvió la mirada hacia Gabriel, lo hizo con una mezcla de terror, incredulidad y un dolor tan puro que él sintió que algo dentro de su pecho se desgarraba.

Ella abrió la boca para hablar, pero lo único que salió fue un temblor y lágrimas.

Lágrimas silenciosas, peligrosas, de esas que no se pueden controlar.

Gabriel dio un paso hacia ella, instintivo, casi desesperado.

—Leonor… —murmuró.

Pero ella retrocedió dos pasos, negando con la cabeza, como si él fuese el fuego que la iba a consumir viva.

Esa pequeña distancia entre ellos quemó mucho más que los gritos, más que el silencio, más que la demanda misma
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