Durante años había estado presente en reuniones complicadas, discusiones entre ejecutivos e incluso negociaciones donde más de uno había perdido la paciencia. Pero, sinceramente, jamás se le pasó por la cabeza que algún día tendría que entrar a una sala de juntas para separar a su propia esposa de un hombre al que, por lo visto, todavía le quedaban ganas de seguir golpeando. Y lo peor de todo era que, conociéndola, si él y Cristopher hubieran tardado apenas unos segundos más en abrir aquella pu