✧✧✧ Unos minutos atrás. ✧✧✧
La oficina de Giorgio Marchesani en Casa Dorata M estaba impecable, elegante, con ese orden frío que siempre lo hacía parecer intocable.
Los ventanales enormes dejaban entrar la luz clara de Milán, y el escritorio oscuro estaba lleno de papeles perfectamente alineados, y su computadora encendida.
Giorgio estaba de pie, revisando un informe con calma, con el saco del traje acomodado, la corbata perfecta, la espalda recta. Su rostro serio no mostraba nada, ni prisa ni cansancio, como si nada lo tocara. Como si la noche del yate nunca hubiera existido.
Pero la puerta se abrió de golpe.
¡BAM!
Matteo Ricciardi entró sin pedir permiso.
Cabello castaño rizado un poco revuelto por la prisa, ojos dorados encendidos y un traje elegante color beige, impecable, pero con esa energía de alguien que llegó a estrellarse contra una pared de mentiras.
Él cerró la puerta con fuerza.
¡CLACK!
—¿De verdad crees que soy idiota? —soltó sin saludo, con voz firme y cortan