Capítulo 86: Ella está muerta.
Francesco dio un paso hacia adelante, lento.
Tap…
—¿A dónde crees que vas en esas condiciones? —preguntó con una voz baja, firme, que no necesitaba gritar para cortar el aire—. Estás en pijama. Apenas puedes estar de pie. ¿A dónde piensas ir?
Giorgio apretó los dientes. Su cuerpo temblaba. Sus ojos grises se clavaron en los de su padre con una mezcla de desafío y desesperación.
—Tengo que verla —dijo él, la voz quebrada, casi suplicante sin querer—. Tengo que ver a Ginevra… tengo que… yo tengo que disculparme… fue mi culpa… ella salió herida y…
La voz se le rompió en la última palabra. Sus manos temblaron, le ardieron los ojos. Sintió que la náusea volvía.
Verónica Marchesani apareció desde un lado con pasos rápidos, con el rostro destrozado, los ojos rojos, hinchados, llorosos. Se acercó a su hijo como si temiera que se deshiciera en el aire si no lo tocaba. Su mano temblorosa le acarició el brazo, suave.
—Mi amor… —susurró ella con voz rota—. Sé que estás afectado… sé que no