Capítulo 51: Un pequeño favor.
Giorgio sostuvo la mirada de Fiorina, prolongándola más allá de lo necesario, como si quisiera grabar cada detalle de sus ojos en su memoria.
No había en su expresión ni molestia ni incomodidad; aquella calma peligrosa que siempre mostraba era la antesala de algo no dicho.
—Tengo mis razones —dijo al fin, ese CEO—. Y prefiero que no tengas mucha interacción con mi hermano menor.
Fiorina, con una actitud relajada, ladeó la cabeza y cruzó los brazos, como si estuviera evaluando cada palabra, cada intención oculta.
—No veo el problema —replicó la mujer castaña, con una sonrisa apenas perceptible—. No estamos hablando de salir a beber ni de nada fuera de lugar. Es trabajo, señor Marchesani.
El tono de voz en la mujer salió firme, pero juguetón, y esa sonrisa ladeada que apareció en sus carnosos labios rojizos, no pasó desapercibida por él.
—¿O es que acaso…? —añadió ella, con un brillo travieso en los ojos verdes limón—. ¿Son celos de su parte, señor Marchesani? ¿O se sien