Capítulo 161: Aceptación de la verdad.
El silencio reinó por varios segundos.
Los ojos de Lucrecia, desbordados en lágrimas, pasaban de Matteo a Stefano, de Stefano a Adriano, como si buscara en ellos una negación, una risa, una corrección que deshiciera lo que acababa de escuchar.
No la encontró.
Stefano no parecía el mismo hombre que había entrado a esa habitación minutos antes. La rigidez que siempre lo definía se había resquebrajado en algo casi imperceptible: en la forma en que sus hombros descendieron apenas, en el modo e