58. EL PARAÍSO DE LOS MACHOS
NATHAN
No sabía que me gustaba tanto la carne hasta que no tuve a esta hembra encima de mí en ese bar hace más de cinco años.
Aguantándome las ganas y luchando contra mis impulsos animales, retiro el libro e intento taparla para que no se enfríe a pesar de la calefacción puesta.
Murmura algo incomprensible que me hace sonreír; se gira de lado y veo esas nalgas casi afuera de la mini tanga que lleva.
“Diosa, dame más maldit4 paciencia, por favor”, pido a todos los cielos antes de cubrirla.
H