36. LAS COSAS CLARAS
TRINITY
Dio un trago largo, sin dejarme de observar con esos ojos depredadores.
No sé qué pretendía, a qué jugaba exactamente, pero como siempre, Nathan removía todas mis emociones.
Me llevaba a los extremos de manera brusca, con él era una montaña rusa de pasión y peligro.
—¿Ya me puedo ir, Sr. Langford?
—¿No hay nada que quieras preguntarme?
Comenzó a levantarse de su puesto, mi corazón a bombear frenético, esa deliciosa colonia se filtraba impertinente en mis sentidos.
—Nada, señor y ten