35. CAFÉ AMARGO
TRINITY
Qué casualidad que esta calle poco transitada hoy estuviese tan movidita.
Me quedé perforando con mis ojos achicados el asiento trasero, el auto pasó lento y juraría que alguien me devolvía la mirada desde el interior.
—No puede ser que seas tan acosador —negué con la cabeza cuando vi las luces traseras alejarse y entonces entré a la casa.
Nathan Langford estaba jugando con mi cordura y autocontrol, si tenía alguna duda, al otro día en la oficina, comprobé cuán cabrón podía ser.
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