141. ¿DÓNDE HAS ESTADO TODA MI VIDA?
MÓNICA
Un gemido ronco, visceral, cargado de deseos salió de mis labios entreabiertos.
Mis pestañas se movían entrecerrando mis ojos borrosos del placer.
—Mmmmm tan bueno… shhhhh —mis caderas se meneaban sobre su boca hambrienta, restregaba mi clítoris contra sus labios, sobre la punta de su nariz.
Agarré su cabello corto, oscuro, y le enseñé la manera de llevarme a las alturas.
Dejando que esa lengua larga y flexible, lobuna, me penetrara, adentro y afuera, con sonidos acuosos, lascivos.
Apret