140. PROMESAS ARDIENTES
MÓNICA
Estaba calentándome como una cafetera a punto de colar el café, solo que a mí se me estaba escapando otra cosa de entre las piernas y mojando mi braga.
Sin embargo, me quedaba un resquicio de cordura.
No es que nunca lo hiciera en un almacén de estos, pero a este Alfa, mate o lo que sea, lo acabo de conocer hoy… mmm joder, no me manosees así el pezón… sshhh…
—Tiempo fuera… ah, Henry, espera… —agarré su mano imprudente metida dentro de mi ajustador, amasándome las tetas como pan en feria