139. TU LOBA SIGUE VIVA
MÓNICA
—Cálmate, nena, cálmate, Moni. Tranquila, pequeña, tranquila… — me decía sin soltarme.
Le gritaba y lo insultaba, intentando liberarme de sus grilletes, pero las palabras se convirtieron en sollozos bajos incontrolables.
Sus manos torpes no dejaron de acariciarme.
Me cargó y me llevó con él, acurrucada contra su poderoso cuerpo.
Sentía en mi oído el fuerte palpitar de su corazón.
Sentados en el suelo, en la esquina medio oscura de los estantes llenos de cajas.
Me acomodó de lado, sob