128. CONSPIRACIÓN
AVA
Sin embargo, a medida que recobraba mi consciencia, se acercaban a mi oído.
Mis ojos enfocaron el rostro en pánico del secretario frente a mí. Parecía que estaba acostada en el asiento trasero del coche.
El olor a vómito y a sudor, emanaban por encima del aroma de mi costoso perfume.
Recordé lo que había sucedido: el lobo de Ethan había muerto y posiblemente él también.
—¿Dónde estamos? —me incorporé de golpe, llevándome la mano a la cabeza por el mareo que me asaltó.
Un agujero en mi pecho