129. UNA SERPIENTE SUELTA
AVA
Ni siquiera di medio paso.
Me sujetaron como unas bestias de los brazos, haciéndome arrodillarme.
Mi garganta se destrozó maldiciéndolos a todos. Aun así, las frías esposas se cerraron sobre mis muñecas como una criminal.
—¿Ves, Sra. Scott? Así es como se maneja de verdad una acusación falsa. Y dentro de ese cuarto cerrado hay una mujer pelirroja que va a declarar ser la amante de su marido. Los sorprendiste follando y lo picaste en trocitos como la tóxica celosa que eres.
Miré hacia arriba