El deseo de Joaquina era razonable, el anhelo de saber que el corazón de su hija seguía latiendo en algún lugar del mundo le llenaba de euforia, pero también de zozobra, porque a pesar de todo su hija ya no estaba y solo quería aferrarse a ese sentimiento de presencia que existía aún.
—Eso será bastante complicado—. Expresó Lucrecia después de aquella pesadez silenciosa que se generó en la sala —, me atrevería a decir que hasta imposible, si pensamos en los aspectos éticos y de privacidad que