Los tres hombres se abrazaron y Fabiano mentiría si no reconocía que sentía que había roto unas cadenas. Se sentía liberado y al fin se sentía completamente feliz.
Vicente, por su parte, le agradeció a Dios haberlo abrigado con su misericordia. El perdón de su hijo, era lo último que él deseó tener antes de partir y ahora lo tenía. Definitivamente, podía dar fe de que, Dios perdonaba a la oveja que volvía arrepentida a su rebaño.
La felicidad reinaba en el lugar, pero en este momen