El pequeño sonrió y de repente Fabiano se levantó de prisa, al sentir su pantalón mojado.
—Hey zorillo, ¡me orinaste! —exclamó Fabiano. Mientras caminaba hacia la puerta, secando su pantalón con una toalla.
Vicent soltó una sonora carcajada y limpió el orine del pequeño, antes de terminar de vestirlo.
—No te vayas, Fabiano quédate con ellos mientras me baño.
—No, no, no. Tengo sueño Vicent. Mira la hora. Tengo una reunión mañana temprano. —Trataba de excusarse Fabian