—Espera...
Claudia se quedó helada, se giró instintivamente para mirarle.
—Siéntate —le dijo señalando el asiento del que ella se había levantado y Claudia se sentó con cuidado de no hacer ruido.
—¿Has pensado siquiera en lo que acabas de sugerir? ¿No pensaste en otra posibilidad que no fuera venderte? —preguntó Ricardo muy disgustado. Pensando en ello, sabía que si la hubiera dejado marchar, podría ir a parar a otra persona, que no se lo pensaría dos veces antes de aceptar la oferta.
Para los