Un jefe considerado.
—Eh —dijo Gabriel a través del teléfono, su voz era extremadamente tranquila y Sabrina pudo oír el fuerte sonido de la suave brisa.
—¿Gabriel?, ¿por qué llamas tan tarde, son casi las doce —susurró Sabrina que acababa de despertarse por las incesantes llamadas de él, todavía media despierta.
—Lo siento, pero ¿podrías salir un momento?
—¡¿Qué?! ¿Cómo fuera de mi casa?, ¿qué haces fuera de mi casa a estas horas de la noche?
Sabrina se levantó de la cama, su somnolencia desapareció en ese instante