Tanto que contarte...
—Cariño, ¿estás dormida?
A Gabriel, que acababa de llegar a casa, le preocupaba que le hubiera malinterpretado, así que la llamó para aclarar las cosas.
—No, todavía no, ¿qué ha pasado?, te has ido de repente —Sabrina que estaba a punto de dormir exclamó por el teléfono.
—Lo siento, lo que pasa es que... Dulce, ni siquiera tengo una buena razón que darte, pero tú perdóname ¿esta bien? —explicó dándole vueltas a la cabeza, no sabía cómo decirle que fue el tacto de ella lo