Tras varios timbres, Ricardo descolgó.
—Parece que el lobo enamorado no podía esperar a estar con su compañera.
Gabriel bromeó y se rió un poco, pero no obtuvo respuesta de la otra línea. levantó el teléfono para comprobar si seguía conectado y, al ver que sí, se lo volvió a poner en las orejas, dispuesto a preguntar qué pasaba, pero Ricardo habló primero.
—¿Cuándo vuelves a Bogotá?
Gabriel frunció el ceño ante el repentino cambio de tema, pero no se molestó en curiosear.
—Mañana.
—De acuerdo e