Sabrina empujó la puerta y la cerró tras de sí, jadeando.
Claudia, que había estado observando desde la ventana, levantó una de sus cejas.
—¿Podrías decirme qué está pasando? —sonrió tirando de Sabrina hacia su cama.
Sabrina se sentó a su lado y le narró el calvario.
—¡Claudia, tengo miedo! ¿Y si me meto en líos? Es tan guapo, ¿y si me enamoro de él? Eso sería desastroso —Sabrina cayó de bruces en la cama mientras se tapaba la cara con las manos.
—Sabri, pensándolo bien, no es malo enamorarse d