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★ Vancouver
᯽ Xiara Alcalá El hielo del quinto trago que me preparé ya se derritió y es que no puedo apartar los ojos de la pantalla de mi laptop, tengo tanto tiempo con la mirada fija en ella que hasta siento que los números y letras, danzan frente a mi, como si se burlaran de mi dolor y mi desesperación. Logro mover la vista hacía un nombre en mayúsculas que está en la parte superior derecha de mi pantalla. "Durand Black Label". Es el nombre de la empresa en la que mi difunto esposo estuvo y a la cual, le hizo una transferencia de $5,899,000 CAD. Tres días después, lo encontraron flotando en el río Fraser con una bala en la nuca. -No fue un robo, esto no fue un simple robo. Lo sé.–Susurro por milésima vez, acariciando la alianza de matrimonio que cuelga de mi cuello—.Los ladrones no ejecutan con tanta precisión–.Mi amor…–Se me traba la garganta–.El apartamento se siente demasiado vacío sin tu escandalosa risa llenando cada rincón. Dos años de matrimonio que se han esfumado como humo, dejándome sola otra vez y con miles preguntas que la policía se niega a responder.–Tropiezo al levantarme del sofá, mis piernas entumecidas por durar tanto tiempo en la misma posición y los 4 tragos que llevo, me pasan factura. Me sostengo con rapidez antes de caer al suelo.El llanto me toma–.Yo, que se supone que soy una de las doctoras más prometedoras del hospital más importante de la ciudad, una mujer preparada para vivir con la muerte, que la vivo a diario y se supone que como doctora debo estar siempre preparada para todo eso, pero no lo estoy, muero de dolor porque ningún título médico te prepara para esto. Para esta sensación de vacío que me carcome el pecho cada vez que respiro.–Miro mi reloj, 9:30 de la mañana–.
Dios mío otra vez amanecí en vela, no dormí nada.—El peso del trasnocho me hace doler la cabeza, pero vpy al baño me lavo la cara y los dientes.tomo las llaves de mi auto–. No me quedaré tranquila. Si la policía no va a hacer su trabajo, yo lo haré. Alguien en esa empresa tendrá que darme explicaciones.
★━═✫━═᯽ (Dos hora después..) Observo el edificio de lujo y la ostentosidad en su máximo esplendor, por algo está en el distrito financiero más exclusivo de la ciudad. Aprieto los puños y respiro, tratando de tomar el valor que me falta para entrar allí y pedir lo que necesito. Me bajo del carro y camino para entrar. Ya dentro, detecto todo a mi alrededor, la elegancia, y el olor a poder se ve y se huele por todos lados. "Mi Hugo estuvo aquí, caminó por estos pasillos. Habló con alguien. Y tres días después, apareció muerto". Muevo mis pies hacía el imponente vestíbulo, me impacta el inmenso logo que predomina la pared. DURAND BLACK LABEL resplandece hermoso y elegante. Una rubia despampanante me mira como si fuese un insecto que ha entrado por error. -Buenos días, ¿en qué puedo ayudarla. —Pregunta con una sonrisa más falsa que un billete del monopoly— -Necesito hablar con quien manejó esta transacción.—Deslizo el papel sobre el mostrador—.Es urgente.—La rubia apenas le echa un vistazo antes de negar con la cabeza— -Lo siento, pero necesitaría una cita. El señor Durand está muy ocupado, no recibe personas sin cita. -¡Señor Durand!.—Grito como lo que soy en este instante, una loca desesperada por respuestas. Nadie responde y siento como la adrenalina se dispara por mis venas—.Lléveme a las oficinas del señor Durand. -No puedo, como le dije, él no recibe visitas sin cita previa y…—No la dejo terminar, elevo mi mano izquierda para que detenga sus palabras. Ví ese nombre en varios documentos, pero solo me concentré en el papel de compra, en este que tengo acá— -Llámelo. Dígale que la viuda de Hugo Alcalá está aquí. Y que no me voy hasta hablar con él.—Ella parpadea, su sonrisa de burla, me enfurece más— -Señora, no puedo…—La ignoro cuando comprendo que ella no me ayudará. Comienzo a caminar directamente hacia los ascensores, mis tacones se escuchan resonando en el piso mientras muevo mis pies con rapidez. Me detengo frente a una de las puertas, le doy al botón y se abre de inmediato, entro y observo la placa dorada junto al indicador del último piso que dice: "Oficina principal R. D"—.¡Señora!, ¡no puede subir sin autorización!.—Grita la rubia, pero ya he presionado el botón para cerrar la puerta, silenciando sus gritos. Mientras subo 4 pisos, mi corazón late tan fuerte que puedo escucharlo retumbando en las paredes del ascensor. "Hugo. Amor.. Esto es por tí." Las puertas se abren revelando un pasillo alfombrado en gris carbón. Al final, una puerta de caoba con letras grandes y doradas: "RENÉ DURAND" CEO.No hay nadie en recepción así que no llamo, no toco, simplemente la empujo y entro como un huracán categoría 6—
-¿Usted es René Durand?.—El hombre detrás del escritorio levanta la vista de su computadora portátil y siento como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago, dejándome sin aire. René Durand no es lo que había esperado. Es... devastadoramente hermoso. Cabello negro perfectamente peinado, ojos de un azul celeste como el glaciar perito moreno, y una mandíbula que parece esculpida por Auguste Rodin. Su traje de tres piezas color carbón le sienta de maravilla, pero lo que me desarma es la mirada que me da, la forma en que sus ojos están fijos en los míos, como si pudiera ver a través de mi. Me da miedo— -Y usted es... —Su voz es grave, tiene un dejo de acento que no logro identificar— -Xiara Alcalá. La viuda de Hugo Alcalá.—Su expresión cambia de ogro aburrido cambia antes de ponerse de pie. "¡Dios santo!, es muy alto. Al menos un metro noventa y cinco, con hombros anchos y… ¡¿Pero qué m*erd* me pasa?!. Despabilo— -Señora Alcalá.—Dice con una cortesía que suena ensayada—. Lamento mucho su pérdida. -¿En serio?.—Siento como la furia se apodera más de mi otra vez—.¡¿Lamenta que mi esposo apareciera muerto tres días después de hacer negocios con usted?!. —Él cierra su laptop lentamente y así mismo, se mueve hacia el lado izquierdo de su escritorio— -Le sugiero que baje la voz. Esto es una empresa respetada, no las calles de un mercado. -¡No me diga lo que tengo que hacer!. —Le grito, acercándome al escritorio, los ojos me arden de la rabia—.Mi esposo murió después de venir aquí. ¿Qué le vendió?, ¿Qué pasó en esa reunión?.—El estúpido se queda inmóvil mirándome fijamente, se nota que me está estudiando. Puedo ver hasta mi reflejo en esos ojos— -Su esposo compró una propiedad. Una transacción completamente legal. Eso es todo lo que necesita saber. -¡Mentira!.—Golpeo el escritorio con ambas manos, luego me acerco a su rostro—. ¡Los asesinos no matan por una simple compra inmobiliaria!. -Los malhechores asesinan por muchas razones, señora Alcalá. Y le aclaro de una vez, esto no tiene nada que ver conmigo.—Existe algo en su tono que… aprieta la mandíbula tan fuerte que veo sus músculos tensarse. Emana una frialdad que me hace dar un paso atrás. Este hombre es muy peligroso, puedo sentirlo en cada átomo de mi cuerpo. A pesar del paso hacía atrás, nuestras respiraciones se funden en una misma y mi corazón late a 600 km/h.






