48| Sangre fuerte.

Alexander se sentó en una silla al lado de Bastian. El vampiro se veía débil; sus ojos ya no eran tan rojos como al principio, y eso lo preocupó. El vampiro observaba la sangre sucia en el suelo, que se iba por los ductos de escurrimiento.

— No puedo creer que hubieran hecho esto. Es como si hubieran sabido lo que pretendíamos hacer — dijo el transformista — Sabían que cuando nos atacaran, nos cubriríamos con la tierra. Por eso, los pocos Maiasaura que entraron vinieron directo aquí a destruir
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