–¡Suéltame! –La voz de Amara esta cargada de una furia que no alcanza a disfrazar la batalla que se libra en su interior y sin pensarlo, su palma se alza y se estrella contra la mejilla de Liam en un intento desesperado por crear distancia. Pero es en vano. El contacto no es solo un rechazo; es una confirmación de que su piel reconoce la de él, de que su corazón late al mismo ritmo frenético que el suyo. –Dije que me sueltes –repite, aunque su voz carece de la firmeza que pretende
Liam retroc