Su mirada se clava en Liam, fría como acero, cargada con un desdén tan palpable que casi se puede tocar. La furia de Cristóbal no tiene filtro –¿Quién carajos eres tú para llevarte a Amara cuando estábamos tan bien a gusto? –Su voz se eleva, feroz y desafiante, como una espada desenvainada en medio de un campo de batalla.
Liam, que hasta ese momento había mantenido una calma casi sobrehumana, siente cómo la ira se apodera de él. La mandíbula tensa, los músculos de su cuello se tensan como ca