De pronto, se detiene frente a un guardia joven que parece nervioso. Sus dedos juegan con el auricular del comunicador, sus ojos se desvían demasiado hacia las puertas. Carlota lo observa un segundo más de lo necesario, con la dureza de un halcón que escruta a su presa. –Número siete –dice con voz baja, sin apartar la vista de él. – Reporte de tu sector.
El muchacho se sobresalta y responde rápido: –Todo en orden, señora. Ninguna anomalía detectada.
Carlota no le cree del todo. Avanza un paso