Dos semanas después
Carlos no aparece de golpe en la vida de Amara.
Nunca lo hace.
Carlos siempre ha sido eso que se desliza por los bordes, que se filtra cuando nadie lo espera, que observa desde una distancia incómoda y decide intervenir solo cuando el daño ya es inevitable o cuando el silencio se vuelve más peligroso que la acción. Por eso no va a buscarla a ella. No esta vez. No ahora. No cuando sabe que Amara está rota, exhausta, sobreviviendo apenas, con la culpa tatuada en el cuerpo y e