Ella sonríe, apenas. Se muerde el labio y da un paso hacia él, tan cerca que sus cuerpos casi se rozan. –Y tú no sabes cuánto deseo que me hagas tuya, Liam –le susurra al oído, su voz baja, temblorosa, pero firme, cargada de un poder nuevo.
Sus dedos suben por el pecho de él, despacio, y comienzan a desabotonar la camisa, botón por botón, sin apuro, como si cada uno fuera una decisión. La tela se abre, revelando la piel tibia y el pulso acelerado bajo ella. Cuando el último botón cede, Amara d