Horas después
La noche cae sobre la ciudad como una sábana de terciopelo oscuro, silenciosa y profunda. La mansión parece sumida en un letargo elegante, sin música, sin invitados, sin brindis. Solo ellos dos existen, respirando juntos, con la certeza de que esta noche no necesitan testigos ni palabras vacías.
Liam deja las llaves sobre la mesa y se queda mirando el ventanal del salón principal. Afuera, la lluvia dibuja finas cortinas plateadas sobre la ciudad, y la luz de los faroles se quieb