Liam frunce el ceño. Su mandíbula se tensa. Da un paso al frente, sin apartar la mirada de Lucas. –¿Obsesión? –repite con un deje de incredulidad, pero su voz es más fría que molesta. – ¿Eso creés que es lo que siento? ¿Obsesión?
Lucas mantiene la mirada baja, pero su tono se vuelve más cortante. –Sí. Porque todo en ti grita rabia. Y en la rabia, Liam, hasta los inocentes terminan crucificados.
–No me hables de inocentes –gruñe Liam, acercándose aún más. . – Si hay alguien que sabe esconderse