La noche cae como un manto espeso sobre la ciudad. Las sombras se estiran por las calles como tentáculos que lo devoran todo. No es solo oscuridad: es un presagio. El aire está denso, cargado de una humedad que pega la ropa a la piel y acelera los latidos sin razón aparente.
La vieja casona parece abandonada, pero palpita como un corazón oscuro. Silencio. Un silencio feroz, artificial. Solo el leve chirrido de la puerta rompe esa quietud cuando Lucas la empuja con violencia. Entra sin encender