A lo lejos, Kate se da cuenta de que todo está saliéndose de control. Y sin pensarlo dos veces, gira sobre sus talones, con los ojos desorbitados y la mandíbula tensa. Su respiración es cortante, su andar salvaje. Toma a Amara con violencia del brazo, casi dislocándole el hombro.
–¡Esto no termina acá! –escupe, con una mezcla de odio y desesperación que le tiñe la voz. – ¡Tú vienes conmigo, aunque sea arrastrándote, maldita sea!
Empuja a Amara con fuerza hacia atrás, obligándola a tropezar en