Liam asiente con gesto cortés y aunque su rostro permanece sereno, su corazón late con furia, anhelando el momento en que pueda liberar la rabia y el dolor que lo consume en la intimidad de su propio espacio. Por ahora, sin embargo, se obliga a seguir adelante, como un soldado en su puesto, cumpliendo con su deber a pesar de las heridas que se abren en su alma.
Después de escoltar a Amara hacia su asiento con la gracia de un anfitrión consumado, el maître se acerca a la mesa con la elegancia