Kate lleva a Liam a su departamento, un espacio que solía ser suyo y de él, un santuario donde los cuerpos se fundían en un deseo desenfrenado, pero ahora, la atmósfera se siente distinta. Los recuerdos de aquellos momentos ya no son lo que eran antes, y sin embargo, el aire está cargado de una energía que no logran descifrar.
Le entrega una cerveza, y él la toma, dejando la lata sobre la mesa, sin apenas saborear el trago. Su mirada se clava en la de Kate, llena de una furia contenida, como