Al día siguiente, el reloj de la oficina marca las siete de la tarde, y Amara apenas ha probado un sorbo de agua en todo el día. El sobre todavía descansa sobre su escritorio, abierto, con aquella frase que no deja de martillarle la mente: “El poder está en tus manos, ¿Liam sabe que la boda es por poder y no amor? Pronto lo descubrirá, lo juro.”
El miedo le roe el pecho como una bestia. Necesita hablar con alguien, necesita respirar fuera de esa prisión invisible en la que se ha convertido su