La tensión entre ellos no se disuelve cuando cruzan ese límite, al contrario, se intensifica de una manera que parece consumir el aire de la habitación, como si cada respiración se volviera más pesada, más consciente, más peligrosa, y cuando sus cuerpos caen sobre la cama en un movimiento que ninguno de los dos se detiene a analizar, el mundo exterior desaparece por completo, dejando solo ese instante suspendido donde todo lo que está mal deja de importar por unos segundos que se sienten demasi