El día de la boda de Amara Laveau y Jean Pol no es simplemente un evento social; es el despliegue de una opulencia que bordea lo obsceno, una manifestación de poder diseñada para que cada invitado comprenda quién es el nuevo dueño del destino de la mujer más deseada de la ciudad.
La iglesia, una joya arquitectónica de piedra antigua y vitrales que filtran la luz en tonos rubí y oro, ha sido transformada en un jardín surrealista donde miles de orquídeas blancas cuelgan del techo, creando una a