Al día siguiente
El sol de la mañana se filtra por los ventanales del ático con una insolencia que Liam Kane apenas puede tolerar, iluminando los restos de una cena que cumplió su propósito con una eficacia aterradora.
Mientras observa a Jennifer terminar de arreglarse frente al espejo, Liam siente el peso del dispositivo microscópico escondido entre sus dedos, una pieza de tecnología de grado militar que se convertirá en el clavo final del ataúd de sus enemigos.
No hay margen para el err