La noche no termina cuando las luces se apagan ni cuando los últimos invitados abandonan la mansión con sonrisas fingidas y comentarios cargados de especulación, porque hay escenas que no concluyen con aplausos, hay momentos que se quedan suspendidos en el aire como una herida abierta que se niega a cerrar, y Amara lo siente con una claridad brutal en el instante en que el silencio finalmente se instala en ese espacio que hace apenas unos minutos era un escenario, porque ahora no hay cámaras, n