Valentina estaba demasiado rota. No era una idea vaga ni una impresión exagerada. Era una certeza que Agnes sintió desde el primer segundo en que volvió a mirarla después de todo lo ocurrido. Ya no estaba frente a la mujer firme, segura y orgullosa que siempre había conocido. Esa que caminaba con la cabeza en alto, que no pedía permiso para ocupar su lugar y que jamás permitía que nadie la minimizara. Lo que tenía delante ahora era alguien herida hasta lo más profundo, alguien que apenas lograb