Habían pasado quince días desde que el bebé llegó al mundo. Quince días llenos de desafíos y aprendizaje para ambos padres. Y aunque Ares pensó que estaría preparado para un momento así por ser médico, la verdad era que nada lo había entrenado para aprender junto a su esposa, a diferenciar los llantos de su hijo, a entender qué necesitaba, a descubrir sus gustos y pequeñas manías. Cada día el bebé los sorprendía más, especialmente a él.
Jamás imaginó que su hijo sería tan apegado a su presencia