La recepción comenzó cuando el cielo ya se había rendido por completo a la noche.
El jardín de la mansión estaba envuelto en una atmósfera tan romántica que hacía suspirar a todos. No había lujo exagerado, sino detalles sencillos y elegantes, como si cada rincón quisiera decir lo mismo que ellos: aquí hay amor, y es real.
Agnes caminaba despacio entre los invitados con Harold en brazos.
El pequeño, con casi dos años, llevaba un traje sencillo que no lograba domar su energía. Sus manos se aferra