La mansión despertó distinta ese día.
No por el movimiento ni por los preparativos visibles, sino por la calma que la envolvía. Era una tranquilidad profunda, casi reverente, como si el lugar supiera que estaba a punto de convertirse en testigo de algo definitivo.
El jardín había sido dispuesto con discreción. Nada ostentoso. Sillas claras alineadas con cuidado, flores suaves marcando el camino y una estructura sencilla al fondo, abierta al cielo que comenzaba a teñirse de tonos dorados. El ata