Valentina salió de la oficina de Agnes con el corazón todavía acelerado. Cerró la puerta con cuidado, como si temiera que el sonido pudiera delatarla, y respiró hondo en el pasillo. Sentía las piernas débiles, pero no se permitió detenerse. Necesitaba salir de ahí, alejarse del hospital, del eco de esa confesión que aún le retumbaba en la cabeza.
Caminó hacia los vestidores sin mirar a nadie. Cada paso le pesaba más que el anterior. Tenía la sensación de que todos podían leer lo que le pasaba p