Ares terminó su ronda poco después y pasó por el escritorio de su asistente. La sorpresa fue enorme al ver que su agenda estaba completamente vacía para el resto del día… y también para el día siguiente.
Con una sonrisa que no pudo contener, se dirigió a su oficina para recoger sus cosas. Le ilusionaba llegar temprano a casa, estar con Agnes, con su bebé, respirar un poco de calma.
Pero al abrir la puerta, vio a su padre sentado en su lugar.
—Hola, papá… —saludó, levantando las cejas—. Qué sorp