Agnes se encontraba en la sala, absorta en la lectura de un libro mientras disfrutaba del silencio de la casa. El crepitar suave de la chimenea la ayudaba a mantenerse tranquila, algo que agradecía profundamente ahora que su embarazo avanzaba y su cuerpo le pedía calma. Estaba tan concentrada que se sobresaltó cuando una de las empleadas se acercó para avisarle que había visita.
Por un instante imaginó que serían sus suegros. Eran los únicos que solían llegar sin previo aviso. Asintió, permitie